Imponente sobre el valle de Canyamel se levanta una torre de defensa gótica, de planta cuadrada, única en Mallorca, que data del siglo XIII. Traspasar sus puertas es entrar en la historia de nuestra isla y una excelente ocasión para revivir siglos en que los asedios de corsarios y piratas eran frecuentes. La ocupación francesa de Argelia en 1820 permitió poner fin a la piratería en el Mediterráneo occidental.

La torre, de propiedad privada, presenta un excelente estado de conservación y su apertura al público en 2009 es una iniciativa digna de elogio y muestra de como la iniciativa privada puede preservar nuestro patrimonio histórico y cultural. Durante décadas y bajo la dirección de arquitecto Josep Ferragut, esta casa fortaleza se ha ido rehabilitando con el objetivo de recuperar su aspecto y fisonomía originales.

Su nombre primitivo fue el de Torre de’n  Montsó, tomando el nombre de la familia Montsó a quien el rey Jaime I el Conquistador había encomendado la defensa del valle de Gabellí luego llamado Canyamel gracias a la introducción del cultivo de la caña de azúcar en la segunda mitad del siglo XV. El fin de la torre fue vigilar la costa y servir de defensa y refugio a la población de este fértil valle frente a las incursiones de invasores y corsarios. A lo largo de sus ya más de 700 años de historia la torre ha sufrido numerosos cambios en su uso y configuración y cuando en el siglo XIX desaparecen los peligros de invasiones, se transforma en una edificación al servicio de los trabajos del campo.

La puesta en escena es magnífica. Los gruesos muros, de más de un metro de espesor, los arcos de ojiva y las aspilleras con que se encuentra el visitante nada más acceder a la planta baja evocan una historia densa y dura. El documental que se proyecta termina situándolo en el contexto histórico del edificio.

La primera planta acoge una interesantísima muestra etnológica con cerámicas, objetos domésticos, armamento, mobiliario bélico, telares y artesanía del palmito.

En la terraza de la planta superior, rodeada de aspilleras y matacanes, se puede disfrutar de una magnífica vista sobre el paisaje y hacer volar la imaginación sobre lo que vieron y vivieron los mallorquines de siglos atrás desde esta singular edificación muestra del gótico militar.
En sus ya más de dos años de apertura al público, la torre de Canyamel ha conseguido ser un referente del patrimonio histórico de la isla y a la vez un entorno excelente para acoger iniciativas culturales de nuestro tiempo como conciertos musicales, exposiciones de pintura y escultura, etc.

La torre abre de abril a octubre y en su portal de internet www.torredecanyamel.com  se puede obtener información de detalle sobre horarios de apertura y eventos culturales programados. El coste de la visita es muy económico y gratuito para niños hasta 12 años.
Para terminar la visita aconsejamos comer o cenar en el restaurante “Sa Porxada” junto a la torre y degustar su especialidad, la lechona mallorquina. Encontrarán una reseña del mismo en este blog.

Adjuntamos un mapa indicativo para llegar desde Sa Boleda hasta la Torre de Canyamel.